Por: Teresa Guillén
En este entorno de un mundo capitalista en dónde el consumismo está a la orden del día, generalmente tenemos la mente puesta en obtener más, ¿Más de qué?, más dinero, más casa, más carro, más viajes etc., y así podemos incrementar la lista de lo que creemos es necesario “tener”. La mayoría de las personas se mueven en base a lo que se tendrá o poseerá en el futuro; esto trae un costo alto, porque seguramente se está pagando intereses en los créditos que se adquieren, se está incrementando el endeudamiento de las tarjetas de crédito, se está usando por anticipado el ingreso futuro, por “aprovechar” promociones de meses sin intereses etc.
El punto según lo veo yo, no es el desear mejorar (esperaría enfocáramos nuestra energías en ser mejores de manera integral) sino el hecho de otorgarle un “VALOR” demasiado alto a lo que creemos hace falta, es decir “SOBREVALORAMOS” lo que no poseemos y tan fuerte es esa creencia que frecuentemente no se llega a visualizar el impacto en la economía diaria, ya que muy probablemente se quiera vivir o se viva de una manera que no se pueda sostener (se gasta más de lo que se ingresa).
Definitivamente puede haber infinidad de factores que hagan que una persona o familia tenga compromisos económicos más allá de sus posibilidades, sin embargo el que se menciona aquí es probablemente uno de los que más impacto negativo tiene en la economía familiar y el cual debamos de tener MÁS que presente en estos días .
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